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En la parash‡ de esta semana, Shoftim, leemos acerca de c—mo los cuerpos de gobierno deb’an operar: el sistema jur’dico, la legislaci—n, la monarqu’a, el poder policial, entre otros. Y luego, nuevamente, se nos habla acerca del ׂlugar que el Eterno escoger‡׃:
ׂSi algo est‡ m‡s all’ respecto a un juicioֹ, asuntos de controversia en tus ciudades, entonces deber‡s levantarte y subir al lugar que el Eterno, tu D-os, haya escogido. Y vendr‡s ante los kohanim, los levi’m, y ante el juez que est en aquellos d’as; t deber‡s inquirir y ellos te informar‡n la palabra del juicio. Deber‡s hacer conforme a la palabra que ellos te declaren, desde el lugar que el Eterno haya escogido, y ser‡s cuidadoso conforme a todo lo que te instruyan׃.
(Debarim 17:8-10)
En el Estado Jud’o definido por la Tor‡, la ׂSuprema Corte׃ que maneja las disputas legales m‡s complicadas est‡ en un sitio muy especial – ?En el Templo!
De hecho, cuando la Mishn‡ describe la estructura del Templo, una parte de l era una corte que durante ciertos per’odos de tiempo era llamado el Sanhedr’n (un trmino tomado del griego):
ׂHab’a seis rec‡maras en el patio, tres en el norte y tres en el surֹ En el sur estaba la Rec‡mara de la Madera, la Rec‡mara del Exilio y la Rec‡mara de las Piedras Talladasֹ En la rec‡mara de las piedras talladas, el Gran Sanhedr’n de Israel sol’a sentarse y juzgar׃
(Mishn‡ en Tamid, Cap’tulo 5)
En otra Mishn‡, leemos que el ‡rea del Monte del Templo, que ten’a como centro el Beit HaMikdash, pose’a otras tres cortes:
ׂTres cortes legales estaban all’, una situada a la entrada del Monte del Templo, otra en la puerta de la corte y una tercera en la Rec‡mara de las Piedras Talladasֹ Si (esta segunda corte) hab’a o’do (una sentencia sobre algn tema), lo establec’an; si no, todos proced’an a la gran corte en la Rec‡mara de las Piedras Talladas, desde donde se enviaban las instrucciones a todo Israel׃
(Mishn‡ en Sanhedr’n, Cap’tulo 11)
Segn la parash‡ de esta semana y lo que est‡ descrito en la Mishn‡, el Templo era tanto un centro judicial como un centro religioso. Este hecho hist—rico que vincula al Beit HaMikdash con la Corte nos ense–a acerca de las caracter’sticas del Templo as’ como de las caracter’sticas de la Corte.
Estamos acostumbrados a considerar la legislaci—n judicial en la pura pr‡ctica social. Las personas necesitan leyes y deben ser juzgadas por estas, para poder as’ convivir. Pero el Juda’smo ve la esfera legal como algo religioso, conectado en su esencia con el Templo. La Justicias es un tema del Creador del Universo, y por ello las leyes deben ser justas, y los jueces tratan con la aplicaci—n de principios justos en las vidas de las personas. Al inicio del libro de Debarim dice ׂ… pues el juicio est‡ sobre el Eterno׃, y segn el Ramb‡n (Najm‡nides) esto significa que el verdadero juez en cualquier disputa es D-os, y que los jueces son meramente Sus sustitutos.
Esta relaci—n entre la Corte y el Templo funciona tambin a la inversa. En una sociedad carente de justicia, un templo no tiene ningn valor. Los profetas nos ense–aron esto repetidas veces. En las palabras de Ishaya: ׂ?De qu uso son sus muchos sacrificios para M’?, dice el Eternoֹ ?Quin te ha pedido esto, que pisotees Mis cortes?… L‡vense, limpienseֹ dejen de hacer el malֹ ?Busquen Justicia!׃ (Ishaya 1:11-17). O en las palabras de Irmiahu: ׂ?Robar‡s, asesinar‡s, cometer‡s adulterio y luego te parar‡s frente a M’ en esta casa, por la cual Mi nombre es designado, y dir‡s װEstamos salvadosױ?׃ (Irmiahu 7:9-11). ?La Justicia es la que permite que se hagan servicios en el Templo!
Lo que vemos es que el Templo ofrece validez a la Corte, y la Corte que juzga justamente permite que haya servicio en el Templo.
El Juda’smo no acepta la separaci—n entre los valores de la Justicia y aquellos de santidad y servicio. Por el contrario, la integraci—n de la creaci—n de una sociedad justa con el ofrecimiento de sacrificios en el Templo es el estado ideal hacia el que la Tor‡ nos conduce.