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Esto es lo que dice la Tor‡:
Este mes ser‡ para ustedes el inicio de los meses; ser‡ para ustedes el primero de los meses del a–o.
(Shemot 12:2)
Esta orden de iniciar la cuenta de los meses del a–o comenzando por Nissan no es tan simple. Para cualquier persona que viviera en el mundo antiguo -y para quien hoy en d’a trabaje en agricultura- el a–o comienza en el oto–o. Antes de que se inicien las lluvias, uno debe arar y sembrar los campos para prepararse al pr—ximo ciclo. De hecho, nosotros celebramos Rosh Ha Shan‡, el nuevo a–o jud’o, en el inicio del mes de Tishrei, cuando se acerca el oto–o.
La Tor‡ reconoce este natural ciclo anual, y lo expresa en distintos lugares, al referirse al mes de Tishrei como “el fin del a–o” o “la conclusi—n del a–o”, pero a la vez la Tor‡ nos dice que contemos los meses desde Nissan.
El prop—sito de este “doble conteo” es la memoria nacional del Am Israel. La naci—n asentada en la tierra comienza su a–o naturalmente en oto–o. Pero tambin debe recordar que su inicio no fue nada “natural”. El pueblo de Israel no fue creado de forma “regular”, y su relaci—n con la historia contempor‡nea, como m’nimo, no es nada simple. El pueblo jud’o fue creado de forma milagrosa, con el ƒxodo de Egipto; se fue su punto de partida.
Este recuerdo de nuestro pasado cambia nuestro presente. La memoria de una persona de su inicio sobrenatural impacta en su consciencia y en el modo que l evala su existencia. Su mirada respecto de s’ mismo y de los otros se hace m‡s profunda y m‡s sensible. El sabe que su existencia no es mera coincidencia, y si est‡ aqu’, es porque tiene un objetivo que cumplir.
Los jud’os no viven s—lo en el pasado y en el presente, sino que prevn el horizonte futuro. Durante los miles de a–os de la existencia del pueblo de Israel el recuerdo nacional del ƒxodo de Egipto les brind— una visi—n hacia el futuro que es igual de asombrosa y sobrenatural. Como dijo el profeta Mij‡ “As’ como en los d’as de su xodo de la tierra de Egipto, Yo le mostrar maravillas”. Cada madre jud’a le prometi— a su hijo que el d’a vendr‡ en que la gran historia que constantemente venimos recordando se repetir‡ a s’ misma, y la redenci—n ser‡ completa.
Un iehud’ vive en tres l’neas de tiempo: vive en el presente y toma responsabilidad por su existencia en el aqu’ y ahora; vive en el pasado y recuerda de d—nde viene y la rica historia que hay detr‡s suyo; y esto produce que tambin viva en el futuro y llene su vida con esperanza.