?Existe una conexi—n entre estos tres temas centrales? ?Se trata, acaso, de un proceso que lleva a un objetivo definido? Intentemos examinar estas preguntas al prestar atenci—n al lenguaje preciso utilizado por la Tor‡, que nos dirige a un nivel de entendimiento m‡s profundo del objetivo que contina siendo importante para cada uno de nosotros en cada d’a.
Las diez plagas lanzadas sobre las cabezas de los opresores egipcios antes del xodo ten’an como objetivo educar a los habitantes de Egipto acerca de D-os, y el reconocimiento de que no es el hombre el que tiene el poder de esclavizar a otro ser humano, sino que D-os es el soberano, ante quien todos somos iguales. Pero no eran s—lo los egipcios los receptores del mensaje, sino que el pueblo jud’o tambin deb’a interiorizar este concepto. D-os le aclar— esto a Mosh antes de que las diez plagas comenzaran: ׂPor lo tanto, d’ a los Hijos de Israel װYo soy el Eterno; Yo sacar a ustedes de debajo de las cargas de Egipto; (…) los liberar del trabajo de ellos; los redimir con brazo extendido y grandes juicios. (…) Y sabr‡n que Yo soy el Eterno, el Dios de ustedes, quien los saca de las cargas de Egiptoֹ׃ (Shemot 6:6-7). Y lo mismo antes de la sptima plaga: ׂ… y para que relates en los o’dos de tu hijo y del hijo de tu hijo que Yo me burl de Egipto (…) y sepan que Yo soy el Eterno׃ (Shemot 10:2).
?El pueblo jud’o internaliz— este conocimiento? Pareciera ser que, a pesar de los sorprendentes eventos, la internalizaci—n requiere un proceso m‡s largo. Por ello, cuando el pueblo debi— afrontar situaciones dif’ciles (a orillas del Mar Rojo; frente a la sed en el desierto; cuando se acab— el alimentoֹ) ellos se quejaron a Mosh y a Ahar—n y les pidieron retornar a Egipto. La respuesta que recibieron, incluso en el desierto, ten’a una clara intencionalidad: ׂAl anochecer sabr‡n que fue el Eterno el que los sac— de la tierra de Egipto (…) y sabr‡n que Yo soy el Eterno, su Dios׃ (Shemot 16:6-12).
?Qu se necesita para crear el tipo de cambio cultural y cognitivo del que estamos hablando? Para abandonar el mundo de la cultura egipcia, que estaba basado en brujer’a e idolatr’a y que causaba que el hombre confiara en su propia fuerza incluso a costas del honor de los otrosֹ y entrar a un mundo diferente, el del Juda’smo, que era diametralmente opuesto: rechaza la idolatr’a, desprecia la brujer’a y la magia, y requiere que el hombre se comporte con humildad ante cualquiera que haya sido ׂa imagen de D-os׃… para eso, uno necesita un trabajo diario y consistente. No el tipo que genera una revoluci—n emocional, sino aquel que hace que la persona pueda avanzar un paso a la vez, y cree un cambio real y profundo en su alma.
Eso era el Mishk‡n. El trabajo consistente sin modificaciones, el orden perfecto, la precisi—n hasta el m‡s m’nimo de los detalles, eso era lo que pod’a acercar al pueblo a su objetivo. ׂYo residir entre los Hijos de Israel y ser Dios para ellos. Y sabr‡n que Yo soy el Eterno, su Dios, que los saqu de la tierra de Egipto…” (Shemot 29:45-46). La apertura del Mar Rojo gener— un asombro trascendental; la Revelaci—n en el monte Sina’ caus— la admiraci—n y la expresi—n de un deseo honesto de aceptar el yugo Divino. Pero para que el conocimiento de D-os se uniera a sus corazones era necesario tener el trabajo consistente y persistente del Mishk‡n.
La excitaci—n que emana de un evento importante puede ir desapareciendo sin dejar un impacto que perdure. Pero la acci—n continua y persistente tiene el poder de crear un cambio real en la vida de uno.