La sabidur’a en el coraz—n de la persona es un regalo de D-os, por eso l debe usarla para fines positivos. En este caso, la construcci—n del Mishk‡n.
El m‡s destacado sabio que habit— en la tierra de Israel en el Siglo III fue Rab’ Iojan‡n; una persona asombrosa que fue Rosh Yeshiv‡, maestro y l’der, convirtindose en un modelo a imitar por su amor a la sabidur’a. Al examinar el vers’culo, Rab’ Iojan‡n concluy— lo siguiente:
El Santo bendito Sea no le da sabidur’a sino a aquel que contiene sabidur’a. Eso es lo que pareciera estar dicho en el vers’culo, ׂy en el coraz—n de todo sabio de coraz—n he puesto sabidur’aֹ׃. Pareciera que la sabidur’a es entregada s—lo a aquellos que ya eran sabios de coraz—n.
(Talmud de Babilonia, Tratado de Berajot, p‡gina 55)
Pero, obviamente, las palabras de Rab’ Iojan‡n no pueden entenderse de manera simple. ?La persona sabia recibi— sabidur’a antes de ser sabio! ?Todos empiezan con cierta sabidur’a recibida antes de que se demuestra que es alguien sabio!
El Midrash ofrece una explicaci—n diferente, mencionada por otro gran Sabio jud’o, esta vez del Siglo II, Rab’ Iosi ben Halafta:
Si el Santo, bendito Sea, le diera sabidur’a a los tontos, ellos de todos modos se pasar’an su tiempo en lugares despreciables, y no usar’an su sabidur’a en pr‡ctica. Por ello, el Santo bendito Sea le da sabidur’a a los sabios, que se acercan a los Sabios ancianos, que est‡n en las sinagogas y en las casas de estudio, porque ellos le dar‡n un uso apropiado a esa sabidur’a.
(Midrash Tanjuma en parashat Vayakel)
Parece ser, entonces, que la sabidur’a b‡sica no es m‡s que el amor a la sabidur’a. Una persona que aprecia la sabidur’a sabe c—mo debe valorarla y cu‡nto vale la pena invertir en ella. Esa persona es la que amerita recibir sabidur’a. Pero aquel que no considera a la sabidur’a algo valioso, entonces no la recibir‡. El amor a la sabidur’a es una condici—n necesaria para recibir sabidur’a.
La biograf’a de Rab’ Iojan‡n, que habl— acerca del amor a la sabidur’a, demuestra su conocimiento de este amor. El Talmud cuenta acerca del final de la vida de Rab’ Iojan‡n: Rab’ Shim—n ben Lakish estaba casado con la hermana de Rab’ Iojan‡n, y adem‡s era su alumno m‡s cercano. Cuando Rab’ Shim—n ben Lakish muri—, Rab’ Iojan‡n no pudo soportar el dolor. Le trajeron entonces a otro alumno excelente para que ocupara el lugar de Rab’ Shim—n ben Lakish, pero Rab’ Iojan‡n lo rechaz— diciendo: ׂCuando yo opinaba algo, Rab’ Shim—n ben Lakish me desafiaba con 24 objeciones y yo le daba 24 respuestas, lo que llevaba a que comprendiramos la ley de un modo m‡s profundo. En cambio t, cuando yo digo algo, lo que haces es darme la raz—n diciendo ׂhay una Berait‡ que te apoya׃. ?Acaso no se que lo que digo tiene sentido?׃.
Aspirar a la verdad y amar la sabidur’a eran algo central en la vida de Rab’ Iojan‡n, y l no pudo ser consolado tras la muerte del alumno que lo ayud— a profundizar en la sabidur’a de la Tor‡. El tr‡gico final de esta historia aparece en el Talmud y no deja lugar a dudas:
Rab’ Iojan‡n rasg— sus vestiduras y clam— ׂ??D—nde est‡s, Ben Lakish?! ??D—nde est‡s, Ben Lakish?!׃. Grit— y grit— hasta que perdi— la cordura. Cuando los rabinos vieron sto, rezaron para que su sufrimiento terminara. Sus plegarias fueron escuchadas, y Rab’ Iojan‡n muri—.
(Talmud de Babilonia, Tratado de Baba Metz’a, p‡gina 84)
El amor por la sabidur’a que gui— a Rab’ Iojan‡n llev— a que los Sabios de su poca dijeran acerca de l las siguientes palabras: ׂSi una persona diera todas sus posesiones materiales con el amor con el que Rab’ Iojan‡n am— la Tor‡, ser’a ridiculizado׃ (Midrash Vaikr‡ Rabb‡, Cap’tulo 30).