Una de las prendas de los kohanim era el manto del Efod, y es descrito en la Tor‡ del siguiente modo:
ׂHar‡s el manto del Efod enteramente de lana turquesa. La abertura para la cabeza estar‡ doblada hacia adentro. Su abertura tendr‡ un borde en derredor, de labor de tejedor, como la abertura de una coraza de malla ser‡ para l; no ser‡ desgarrado.׃
(Shemot 28:31-32)
Uno inmediatamente nota la preocupaci—n que la Tor‡ tiene de que el manto est completo, con la nica directiva de que la parte superior est abierta con un doblez interior para que no se desgarre al ser colocada. ?Por qu era esto tan importante? ?Acaso hab’a escasez de lana con la que tejer una nueva prenda si la que utilizaban se romp’a?
La respuesta a esto puede encontrarse en el Sefer HaJinuj, un libro cuyo prop—sito fue el de analizar todos los mandamientos de la Tor‡ y darles una comprensi—n racional. El libro fue escrito en el Siglo XIII en Espa–a, y se desconoce quin es el autor. El Sefer HaJinuj escribe lo siguiente respecto de ese mandamiento:
ׂEl objetivo es que aquel que lo vista se lo coloque con cautela, cuidado y temor. Que tenga temor de rajarlo o romperlo.׃
(Sefer HaJinuj en nuestra parash‡)
Vestir el manto simbolizaba el ingreso de la persona a la esfera del servicio Divino. Esta ׂentrada׃ pod’a estar acompa–ada por una catarata de emociones, de entusiasmo y de una excitaci—n incontrolable. Espec’ficamente aqu’, la Tor‡ nos recuerda que debemos actuar con cautela, temor y cuidado, con deliberaci—n, introspecci—n y calma. Cuando una persona no est‡ calma o serena, puede desgarrar sus buenas intenciones. Una persona que no acta con cautela o cuidado puede da–ar el objetivo por el que est‡ ansiando, as’ como tambin poner en peligro otros valores.
Rabenu Iona de Girona (Rosh Yeshiv‡ en Barcelona en el Siglo XIII) remarc— una fascinante distinci—n en su comentario al libro Mishlei. El se refiri— a la similitud entre dos caracter’sticas que parecieran ser diferentes si no fueran contrastadas la una con la otra: pereza e impulsividad. Estamos acostumbrados a creer que la impulsividad es muy distinta a la pereza, pero Rabenu Ion‡ asegura que ambas cualidades son muy similares. El asegura que existe un tipo de pereza que es expresada en la falta de acci—n: la persona es demasiado perezosa como para hacer lo que se supone que deber’a hacer. Y hay otro tipo de pereza que es expresada por la falta de reflexi—n: la persona es demasiado perezosa como para pensar, examinar y, de manera calma y deliberada, considerar qu acci—n es la m‡s correcta.
Una persona puede actuar de manera energtica, pero sus acciones todav’a pueden estar basadas en esta ׂpereza intelectual׃. La exigencia de evaluar cada acci—n y actuar en consecuencia no es un gesto ap‡tico. Por el contrario, es una llamada a sobreponerse a la pereza que nos tienta con basarnos en viejos h‡bitos o en sentimientos temporales. Es una oportunidad de actuar de manera respetuosa, profunda, y de dar la consideraci—n adecuada a aquello que es lo correcto, y comprender lo que no es apropiado. Esta es la deliberaci—n que nos permite actuar de un modo exacto, intencional y cualitativo.