Metzor‡ 5779

 

Metzor‡ 5779

ׂEste cambio que afectaba las ropas y las casas que la Tor‡ describe con el tŽrmino
general tzaraױat no era un fen—meno natural. Por el contrario, era una se–al y una sorpresa para el pueblo de Israel, para prevenirlos del lash—n har‡. Cuando una persona hablaba lash—n har‡, las paredes de su casa cambiaban de colorֹ si persist’a en su mala conductaֹ las ropas que vest’a cambiaban de color. Y si lo manten’aֹ su piel cambiaba de color, y portar’a tzaraױat. Esto le causaba quedar aislado y ser’a sabido que deb’a permanecer solo, para que no se ocupara de la mal habladur’a, que es burla y lash—n har‡׃.

(MishnŽ Tor‡, Libro de Tahar‡, Halajot de Tumױat Tzaraױat, Cap’tulo 16 Halaj‡ 10)

La aflicci—n a las casas era, entonces, el primer paso de un proceso educacional para la persona. Debemos tener en cuenta que la aflicci—n se acercaba de manera gradual: primero en las paredes de la vivienda, luego en las ropas, y s—lo despuŽs en su piel.

Sorpresivamente, cuando leemos en la Tor‡ acerca de las ׂaflicciones en la casa׃, notamos un tono casi festivo que parece indicar que se trata de un fen—meno relativamente positivo:

ׂY el Eterno habl— con MoshŽ y Ahar—n, diciendo, װCuando entres a la tierra de Cna‡n, que Yo te entregarŽ como posesi—n, y ponga un castigo de tzaraױat en una casa en la tierra de tu heredadֹ׃

(Vaikr‡ 14:33-34)

Los Sabios del Midrash se sorprendieron, ׂ?es acaso una buena noticia el hecho de recibir estos castigos?׃.

La cuesti—n amerit— una respuesta œnica, dicha por Rab’ Shim—n Bar Ioj‡i:

Rab’ Shim—n Bar Iojai ense–—: como los cnaanitas escucharon que Israel se acercaba, decidieron ocultar sus riquezas en sus casas. Dijo HaKadosh Baruj Hœ װYo le promet’ a sus ancestros que llevar’a a sus hijos a una tierra repleta de Bien, como est‡ escrito װy casas repletas de bien׃ (Debarim 6:11). ?QuŽ hizo entonces HaKadosh Baruj Hœ? Envi— castigos a sus casas, y Žl (el due–o) la demoler’a y encontrar’a el tesoro׃.

(Midrash Vaikr‡ Rabb‡, Cap’tulo 17)

DespuŽs de haber aprendido acerca de aflicciones de casas que vienen a castigar a las personas, pareciera como si existiera otra —ptica de Žsto, tal vez completamente opuesta. Ese es el modo de guiar a la persona a encontrar el tesoro escondido en las paredes de su propia casa. Pareciera, entonces, que este fen—meno ten’a dos aspectos contrastantes: a veces era una advertencia para una persona cuyo comportamiento hab’a sido reprobable y ha hablado lash—n har‡ sobre otros; y otras es el modo de guiar a la persona hacia la riqueza. De una persona consciente de s’ mismo se espera que interprete el fen—meno que debe enfrentar: es una advertencia, un castigo, o una recompensa.

Cuentan la historia de un jud’o que conduc’a una carreta en Polonia cuyo caballo colaps— y muri—. Esto significaba que hab’a perdido su capacidad de subsistencia. El ingenuo y simple chofer fue hacia la sinagoga, se dirigi— al Ar—n HaKodesh y dijo ׂD-os, Tœ te llevaste mi caballo. ?Ya vas a ver ֹ!׃. Obviamente, los presentes sonrieron ante las rid’culas palabras del hombre. Entre los presentes estaba Rab’ Israel Yaacov Lubchansky, director de la Yeshiv‡ Ohel Tor‡ de Polonia. ƒl se dirigi— a la congregaci—n y fren— sus risas. ׂEscuchen c—mo este jud’o habla׃, dijo, ׂEste conductor de carretas comprende que su caballo no muri— por una enfermedad o por un accidente. Su caballo muri— porque D-os as’ lo dispuso. ?Eso s’ que es tener fe!׃.

El hombre experimenta distintas experiencias a lo largo de su vida. Algunas son positivas, algunas menos. Algunas pueden ser interpretadas de maneras distintas, como vimos con la aflicci—n de la casa. Lo que todas tienen en comœn es que la persona que tiene fe sabe que toda circunstancia, toda ocurrencia (pŽrdida, Žxito, desaf’os) tiene un significado. El hombre es el receptor que debe interpretar los eventos de su vida de acuerdo con la luz de la fe.

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